martes, 29 de octubre de 2013



La gente se divide entre: los que miran el semáforo y los que están atentos a los autos. Aquellos que observan el semáforo, y nada más, se pierden de la oportunidad de cruzar cuando los autos no pasan. Los que miran la calle, la gente, el pavimento, saben que pueden cruzar aunque el semáforo esté en rojo. 



domingo, 11 de agosto de 2013


...Y un día dejé de escribir a mano,
de comprarme lápices de colores,
de pensar en pintar la pared de verde, 
de inventar peinados. 

Dejé de ser espontánea y cambié. Ni para bien ni para mal. Sólo cambié. 

Pero también, una noche recordé todas las cosas que quería hacer. Los sueños. Las ganas.

Sin saberlo volví y dejé que la imaginación florezca. Para ser feliz o, al menos, para estar más tranquila. 





jueves, 21 de marzo de 2013

Té de Ceilán


   Pedacito de uña rota que huele a té de Ceilán. Té que tomamos esa tarde-noche de viernes, en una mesa del primer piso que daba a la calle. Aunque no prestáramos atención a nuestro alrededor era reconfortante sentarnos en aquel lugar, que nos permitía tácitamente arrojar conceptos horneados que derretían autores, que nos hacían más complementarios. 
   Luego decidimos emprender una caminata bajo el cielo negro que aplastaba y parecía gritarnos que se acababa el encuentro. Y así fue, partiste. Único, profundo y transparente. Saludaste con los ojos chiquitos y la sonrisa amplia. Te observé desde abajo, y de costado, te salude queriendo volverte a ver, siempre.



domingo, 3 de marzo de 2013


Dos personas que no se conocen
se toman la misma foto en el mismo lugar
van al mismo bar
leen las mismas cosas
bostezan al mismo tiempo
dejaron de creer en el mismo momento
nunca buscaron encontrarse
llegaron hasta allí sin saberlo
se cruzaron
se miraron
se hablaron
se tocaron, sin querer
se sintieron
se probaron
se gustaron
se besaron
se acostaron
se deshicieron en el mismo instante en el que estaban hechos
hasta desarmarse entre las sábanas
hasta que la luz que se filtraba por la ventana los despertó.



domingo, 28 de octubre de 2012

AMO QUE ME DESPEINES.

QUE ME ENSUCIES LOS PIES Y ME LOS LIMPIES.

TU SUAVE CARICIA DE SAL NOS VUELVE A ENCONTRAR, QUÉ PLACER!


lunes, 1 de octubre de 2012

La isla


    Si me miro al espejo veo el mar. Un mar profundo, donde el agua es transparente y cálida. Donde hay algas rojas que se cruza entre las costas de pastos negros.

En el medio se encuentra una isla. Tierra marrón oscura, que nace con el comienzo de un nuevo día. A veces es tan pequeña que cabe un sólo alfiler, y otras veces, es inmensa y puede albergar los recuerdos más maravillosos.

El problema es cuando llueve. El mar se hace más salado y comienzan las olas que no dejan ver. Hay que luchar contra la tormenta, en la que los truenos se asemejan a gritos y los relámpagos a decepciones.

Muchas personas visitan la isla, pero sólo pocas pueden quedarse allí. Hay quienes anclaron en ella y otros le sacaron solo una fotografía.

Si continuo mirándome al espejo puedo ver que hay un puente. Diminuto puente que conecta esta isla con otras. Puente que se crea en un instante, en un parpadeo. Pero hay que ser muy hábil para verlo y no dejarlo pasar por alto.

En el momento en que se materializa el puente, deja de haber isla para pasar a ser archipiélago, que luego es continente, para después ser mundo y volver a ser tierra.

Tierra blanda que cambia y crece. Une y separa. Que mira y no puede ver. 

domingo, 16 de septiembre de 2012

       s i   n o     t e     g u s t a     l o    q u e    v e s


             d a l e      l a      v u e l t a  

lunes, 10 de septiembre de 2012

miércoles, 29 de agosto de 2012




Que me aten de los pies un barrilete... y así, tendré la certeza que mi guía es el viento.

martes, 28 de agosto de 2012

Sin saber jugar, volé

Por primera vez me encontraba sólo explorando el barrio. Esa tarde hacía tanto calor que tuve que ir a dar un paseo, y tuve que escaparme para hacerlo. Costó bastante tomar la decisión, hace unos meses que Juan dejaba la ventana abierta pero nunca me había animado, hasta ayer.

La calle me pareció tan grande. Era algo difícil de explicar lo que estaba sintiendo. El aire fresco me rosaba y me decía algo así como que había cruzado una línea, había abierto una barrera que nunca más iba a poder cerrar. Pero dejé de pensar, para poder disfrutar.

De un par de cuadras constaba el recorrido que me permití realizar. No quería tardar, ya que el plan era llegar antes que Juan. Iba muy tranquilo mirando a la gente que pasaba, hasta que de pronto me choqué con un árbol. Quizás el golpe fue lo de menos, pero agarrarme desprevenido hizo que me cayera al piso sin poder moverme.

No sé cuánto tiempo estuve en el suelo, pero en un momento comencé a tratar de levantarme aunque no lograba hacerlo. De repente, llegó ella corriendo. Radiante. Había algo en su sonrisa que me inspiró confianza. Dejándome llevar por la situación, y sus ojos, me entregué a la ayuda que me brindó.

Me llevó a su casa. Tenía un fondo con un parque inmenso. Me recostó sobre el pasto y comenzó a inspeccionarme. Me daba vueltas de acá para allá sin omitir sonido. Estaba tan nervioso que se me escapó una palabra y dije “Juan”. Ella me miró sorprendida de que pudiera hablar y me insistió para que lo repitiera. Yo, que quería entrar en confianza, volví a decirlo como veinte veces más, hasta que me invitó a jugar con ella.

¿Jugar? No tenía idea de lo que era eso. Lo único que yo hacía era mirar por la ventana a la gente y repetir lo que me decían. Pero a ella se ve que no le importó y comenzó a ponerme sobre la cabeza hojas de parra, de a ratos me tiraba pasto y luego me acariciaba. En un momento al grito de “mamá” vino una señora con una cosa cuadrada, le dijo que se quedara quieta y que me tomara en su brazo, y mágicamente se prendió una luz que duró un instante. Después se fue y nunca más la vi.

Pasamos toda la tarde juntos hasta que recordé que tenía que volver a casa. Me desesperé, comencé a correr de lado a lado. Ella no comprendía lo que estaba sucediendo, y yo la verdad, es que no recordaba como volver. Frené y me di cuenta que ya no importaba, quería seguir volando y que me sucedieran más cosas como éstas. Así que me elevé y me fui quién sabe a dónde.

miércoles, 22 de agosto de 2012

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Nos enfrenta. No nos quiere juntos.
Esto me entristece, me duele, pero lo tengo que aceptar. La barrera que te pongo a veces la pongo sólo por obligación.
Vos tan brillante, yo tan débil.
Vos tan grande, yo tan chiquita.
Condenados a vivir tan lejos. Cuando siento un poco de tu calor mi cuerpo cambia la temperatura, pero enseguida me acuerdo que tengo que alejarme, porque nuestra conexión es peligrosa.
Se aproximan las estaciones más gratificantes y debo darte la espalda. Ya no es lo mismo comenzar el día sin tu caricia. No es igual vivir sin tu luz. Esa única, incomparable y necesaria.
A pesar de todo es la realidad, la voy a tener que aceptar y comenzar un nuevo estilo de vida. Ocultándome y esquivándote todo el tiempo.
Deseo incontrolablemente dormir abrazada a vos… pero no puedo, no debo, no me dejan, ni me permiten si quiera nombrarte.

Eso siento cada vez que me acuerdo lo que me dice la dermatóloga de que no esté al Sol.